Hemeroteca — 21 mayo 2012

El Foro de Comunicación y debate de Camas ha organizado este fin de semana una excursión donde se desarrolló La guerrilla antifranquista en Andalucía tras la Guerra Civil, que contaba entre sus principales armas, el conocimiento del paisaje en el que se movía y de quienes lo habitaban. Los maquis, como se conocían a estas partidas de hombres y mujeres, terminaron desapareciendo, abatidos, apresados o ejecutados. Pero su memoria perdura. Y no solo en los libros de historia, sino en el entorno en que ejercieron su resistencia a la dictadura. En homenaje a esos guerrilleros, hay una serie de senderos en la Sierra de Córdoba que siguen sus huellas, entre la barriada de Santa María de Trassierra y el pueblo de Villaviciosa.

La Agrupación Guerrillera que actuaba en la zona y entre cuyos líderes se encontraba el comunista Julián Caballero. Además, analizan el espacio biofísico del territorio para describir las condiciones de vida de los antifranquistas en los montes del Guadiato. Desde los caminos que usaban, a la vida de los rancheros (trabajadores rurales itinerantes que ayudaron a la guerrilla) y cómo era ese entorno hace 70 años.

Tras esta radiografía se proponen tres itinerarios por los valles, montes y cortijos por los que anduvieron las partidas de resistentes. La primera ruta serpentea por la orilla izquierda del río Guadiato, afluente del Guadalquivir, una vez pasado el puerto Artafi de la carretera de Trassierra. El punto de arranque es una construcción llamada Casilla de la Plata. A medio kilómetro de ella parte una pista hacia la derecha que baja al río. En el camino se llega a una de las mejores atalayas para contemplar la hendidura que hace el Guadiato en el paisaje.

La segunda ruta se centra en el barranco de la Huesa, vital para comprender el fin de los guerrilleros. Parte de una pista cercana al Aula de Naturaleza del Olivarejo, circula hacia el Norte y en un momento dado se asoma a la Umbría de la Huesa, escenario, en 1947, de una matanza de guerrilleros. Aquel año, la represión se recrudeció enormemente con la ley contra el bandidaje y el terrorismo que daba marco legal a la violencia del Estado. Solo ese año murieron 42 combatientes, 13 al año siguiente y 31 más en 1949.

Y entre los caídos destaca Julián Caballero. Ese mismo camino transita por sus vías de ataque, escape y observación. Tras pasar la casa del Olivarejo, se levantaba un cortijo que era usado esporádicamente como destacamento por la Guardia Civil, mientras que no muy lejos se refugiaba el grupo liderado por el joven comunista.

El tercer camino transita entre el collado de las Milaneras y Navaserrano. Dehesas onduladas que sirvieron a los maquis de retaguardia, como lugar donde proveerse y refugiarse.

 

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