Caño Ronco: historia viva de una barriada popular de Camas

La barriada de Caño Ronco es uno de esos lugares de Camas cuya historia no se entiende a través de grandes fechas oficiales ni de proyectos urbanísticos cerrados, sino a través del terreno, del agua y, sobre todo, de la memoria de quienes la habitaron.

Su origen está ligado a un espacio humilde, periférico y marcado por una vaguada natural por la que discurría un pequeño manantial de agua conocido desde antiguo, célebre por su calidad y considerado saludable.

Este manantial fue adquirido en 1589 por los monjes cartujos del Monasterio de Santa María de las Cuevas, lo que demuestra que el lugar ya tenía un valor reconocido mucho antes de la construcción del barrio moderno.

Los monjes cartujos eran miembros de la orden religiosa de la Cartuja de Sevilla, una comunidad contemplativa que seguía la regla de San Bruno y se dedicaba a la vida monástica, la agricultura, la gestión de bienes y recursos naturales, y la producción de productos de subsistencia y comercio. Los cartujos tenían un papel destacado en la región, ya que gestionaban tierras, manantiales y huertas, asegurando el suministro de agua y alimentos a su monasterio y a la población cercana. La adquisición del manantial de Caño Ronco en 1589 se enmarca en esta tradición de control y aprovechamiento de los recursos hídricos.

Antes de que existiera el barrio, aquella zona era un terreno abierto, de paso, donde el agua encontraba salida natural cuando llegaban las lluvias. En los inviernos más duros, el caudal bajaba con fuerza y producía un sonido grave y continuo, de ahí surgió el nombre con el que el lugar terminó siendo conocido: Caño Ronco. No fue un nombre impuesto desde ningún despacho, sino una denominación popular nacida de la experiencia cotidiana.

Los vecinos más mayores aún recuerdan aquellos años en los que el paisaje estaba dominado por la tierra y el agua:

> “Cuando llovía de verdad, el agua bajaba con un ruido que se oía desde lejos; parecía que el caño hablaba”.

Las primeras casas comenzaron a levantarse entre finales de los años treinta y la década de 1940, en un contexto marcado por la posguerra y la escasez de vivienda. Camas crecía, Sevilla estaba cerca y muchas familias necesitaban un lugar donde asentarse. Esta zona, entonces alejada del núcleo urbano, ofrecía la posibilidad de construir con pocos medios.

Las viviendas surgieron por autoconstrucción, una a una, según las posibilidades de cada familia. Eran casas sencillas, de una sola planta, levantadas con esfuerzo propio, sin alcantarillado, sin calles pavimentadas y con servicios muy limitados. No existía aún un barrio como tal, sino un conjunto de casas dispersas unidas por caminos de tierra.

Quienes vivieron aquella etapa la recuerdan como un tiempo duro, pero también de mucha solidaridad:

> “Aquí no vino nadie a hacer un barrio; el barrio lo hizo la gente, casa a casa”.

Durante los años cincuenta y primeros sesenta, Caño Ronco empezó a tomar forma de barriada. Las viviendas se multiplicaron, muchas se ampliaron y las calles comenzaron a definirse. Fue entonces cuando el lugar dejó de ser un simple asentamiento para convertirse en un barrio reconocible dentro de Camas.

Sin embargo, las carencias seguían siendo importantes. Las calles eran de albero o de tierra, el agua corría libre cuando llovía y la humedad afectaba especialmente a las casas situadas en las zonas más bajas. Esa realidad terminó generando una distinción que aún hoy sigue viva en el lenguaje popular: Caño Ronco Alto y Caño Ronco Bajo.

La diferencia no fue nunca administrativa, sino puramente natural. El propio terreno marcaba la separación. La parte baja, más cercana al antiguo cauce del arroyo y al manantial histórico, sufría con mayor intensidad las lluvias y las escorrentías. La zona alta, ligeramente elevada, ofrecía mejores condiciones de drenaje. Como recuerdan muchos vecinos:

> “Eso de arriba y abajo no lo inventó nadie; lo mandaba la tierra”.

A partir de mediados de los años sesenta y durante la década de los setenta, comenzaron a llegar las primeras mejoras importantes. El asfaltado de las calles, el alumbrado público y la mejora del abastecimiento de agua transformaron progresivamente la vida diaria. Para muchos vecinos, aquellas obras marcaron un antes y un después:

> “Cuando asfaltaron la calle, parecía que el barrio entraba por fin en Camas”.

El proceso de integración continuó durante los años ochenta y noventa, cuando se completó el alcantarillado, se canalizó definitivamente el antiguo caño y se mejoraron acerados y accesos. Con estas actuaciones, Caño Ronco quedó plenamente incorporado al tejido urbano del municipio, dejando atrás los problemas históricos derivados del agua y del terreno.

La consolidación del barrio vino acompañada de una creciente conciencia vecinal. En 1998 se creó la Asociación de Vecinos Caño Ronco Alto, y años más tarde, entre 2017 y 2018, se constituyó la Asociación de Vecinos Caño Ronco, reflejo de un barrio que nunca perdió su capacidad de organización y reivindicación.

Hoy, Caño Ronco es un barrio plenamente integrado en Camas, con servicios, infraestructuras y vida propia, pero conserva intacta la memoria de su origen humilde. Sus calles hablan de esfuerzo, de autoconstrucción y de una comunidad que supo transformar un terreno difícil en un lugar para vivir.

Un vecino veterano lo resume con una frase que condensa toda su historia:

> “Esto no lo levantaron los planos; esto lo levantó la gente del barrio”.

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Por CamasDigital

DIARIO PROGRESISTA DE CAMAS (SEVILLA)