Episodio I · De Tartessos al Cerro del Carambolo

Antes de que Camas existiera como pueblo, antes incluso de que tuviera nombre, este territorio ya era importante. No por grandes ciudades ni por murallas, sino por algo más silencioso y duradero: su lugar en el paisaje.

Situada entre las vegas fértiles del Guadalquivir y las primeras elevaciones del Aljarafe, la zona donde hoy se asienta Camas ha sido, desde hace miles de años, tierra de paso, de encuentro y de observación.

El tiempo más antiguo

Nos tenemos que remontar a la época tartésica, varios siglos antes de Cristo. En aquel tiempo, el suroeste de la Península Ibérica estuvo ocupado por una cultura próspera, vinculada al comercio, al río y al contacto con pueblos del Mediterráneo oriental: Tartessos.

Muy cerca del actual casco urbano de Camas se encuentra el Cerro del Carambolo, un enclave que cambió la forma de entender la historia antigua de Andalucía. Allí apareció en 1958 el famoso Tesoro del Carambolo, un conjunto de piezas de oro que evidencian la riqueza, el poder simbólico y la importancia ritual del lugar.

Un lugar para mirar y controlar

El Carambolo no fue un poblado al uso. No era un sitio para vivir, sino probablemente un santuario o lugar ceremonial, desde el que se dominaba visualmente el río Guadalquivir, las marismas y los caminos naturales hacia el interior.

Desde lo alto del cerro se controlaba el paso de personas y mercancías, y se marcaba simbólicamente el territorio. Quien conocía este lugar, conocía el valor estratégico del entorno.

A sus pies, en las zonas bajas y fértiles, se extendían tierras aptas para el cultivo y caminos naturales que, con el paso de los siglos, seguirían usando romanos, musulmanes y cristianos.

Camas antes de llamarse Camas

En esta etapa no podemos hablar todavía de un núcleo llamado Camas. Pero sí podemos afirmar algo con claridad:

este territorio ya formaba parte de la historia, mucho antes de que aparezcan documentos o nombres escritos.

No era una ciudad protagonista, pero sí un espacio clave, cercano a los grandes centros de poder y siempre vinculado al río, a la tierra y a los caminos.

Ese papel —discreto pero constante— será una seña de identidad que se repetirá una y otra vez a lo largo de los siglos.

En el siguiente episodio, Roma llegará al valle del Guadalquivir. Itálica y Hispalis crecerán… y el territorio de Camas volverá a adaptarse a una nueva época.

Este artículo forma parte de la serie Historia de Camas

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Por CamasDigital

DIARIO PROGRESISTA DE CAMAS (SEVILLA)