Hemeroteca — 09 agosto 2011

Hace unos escasos meses que inaguraron este local totamente nuevo. En su tiempo de espera antes de su apertura a su paso por la acera por Mercedes de Velilla todo el que pasaba se preguntaba que era aquello y en un mural cerámico decía una leyenda “POSADA DE VELILLA” Casa Grastonómica y muchos supongo que se lo seguiran preguntando, por que aparte de que los Naranjos que orillan en la acera no dejan ver el nombre y ni aquello tenía  pinta de un Bar y menos  abierto unos meses después para saborear nuestros productos grastronómicos.

La verdad es que es un bar-restaurante atípico nada que ver de los que abundan en Camas y mas aún cuando su denominación se cojuga con Casa y Gastronomía que parece ser mas un sitio privado que un local abierto a grandes masas dispuestas a saborear caracoles o cabrillas. Y todo esto se entiende cuando se entra, solo una pequeña barra, que es mas de recepción que de puntos de apoyo de codos en tertulia, te invita a penetrar en un local de decoración exquisita de casa solariega y aunque en principo da la impresión de ser un restaurante de postín para pijos, poco a poco te vas dando cuenta de que el local te envuelve desde que lees el cartel,  hasta que te atreves a sentarte en una mesa sin saber aun lo que te van a presentar para comer y lo peor en estos tiempos de crisis, que te dejen el bolsillo lleno de telerañas por unos días. Pero aun asi y ante esa incertidumbre ya puesto en ese envolvente decorado, la exquisited del trato y los detalles mas sublimes hasta te atreves a sentarte en una mesa decorada por pequeños manteles verdes y servilletas de morados de una tela desechable pero impecable y de suave tacto alejadas de celulosas milimétricas blancas que suelen poner en los bares.

Tiene en su planta baja varios pequeños salones, yo junto con mi compañera optamos por uno central que es un patio solariego provisto de aire acondicionado y un toldo interior que cubre la claraboya que hace que penetre la luz en su justa medida en un dia como hoy donde el sol brilla y tambien calienta, la armonía de su luz, la temperatura adecuada, los detalles y contrastes y una música de melodía que sibilinamente entra en tu subsconciente, te hace sentir a gusto y relajado ante un mantel que refleja la pregunta si te vas alli a echar un café  o realmente tambien los platos me haran embriagarme más de tan plácidas sensaciones.

Despues de releernos la carta y preguntar, por que ahora es necesario preguntar en que consiste estos nombres de platos de cocina creativa y de autor para no llevarte una sorpresa en cuanto a tus gustos, optamos por un primer plato, yo a malas ganas por un gazpacho con remolachas, cosa que james prové en mi vida y mi mujer una taki-taki de atun mas no sé cuantos apellidos mas y de segundo para mi un Bombón de Solomillo con crema de patatas acompañada de una salsa que de su nombre sería imposible acordarme.

Siempre que se entra en un sitio nuevo tus sentidos se agudizan mientras esperaba mis alimentos veía pasar a camareras con platos de ensaladas magnificamente decorados y con colores vivos de productos terrenales… ¿podíamos haber pedido una ensalada? le dije a mi señora, “porque igual lo que pedimos no nos gusta”… y ella siberita en estos menesteres me tanquizaba en esas dudas que a pesar de sentirme a gusto se reiteraban en mi mente ante tan analfebetismo gastronómico de autores y que algunas veces anteriores despues de pagar tuve que ir al siguiente bar a comerme una buena caldereta.

Y por fin ante mi aparece en un cuenco ovalado una crema color zanahoria de colores vivos polvoreada con no se que productos, dispongo lentamente a saborear el primer sorbo, que no bocado y todas mis dudas se desaparecieron, un sabor dulce avinagrado a  buen gazpacho empezaron a diluirse por mis papilas hasta unirme a todo los cumulos de sensaciones experimentadas, un sabor de siempre y mejorado, un color que invita a comer y todo un ambiente a tu alrededor que haría envidiar a cualquier Andalusí de Granada en aquellos tiempos remotos.

Mi mujer saboreaba las vieiras gallegas elaboradas y complementadas con productos de nuestra huerta y yo ya ante mi un Bombón de Solomillo sobre un plato rectangular sin bordes, cocinado en su justa medida que acompañado de una salsa no muy abundante para no disipar el sabor me hacía recordar mis orígenes serranos del Norte de Huelva.  Mi mujer con su taki-taki, que jamas he provado, disfrutaba de tan apacible y envuelta comida en aquel edificio en donde ni siquiera los coches que suelen pasar por Mercedes de Velilla hacían apagar los sonidos melódicos de la música de ambiente.

Y lo importante el precio 25 euros, en el que se incluye una pirámide de helado que robé unos bocados a mi mujer, dos cervezas y un café que es mi postre favorito.  Todo un cúmulo de sensaciones de vista, oido, gusto, olor  y tacto y sobre todo tranquilidad y sosiego en una comida que sin proponerlosla ha sido inolvidable.

Os aconsejo que vayais, el trato exquisito, los cocineros orgullosos de su trabajo y los clientes hasta los mas retozudos como yo…  satisfechos

Enhorabuena a todos lo que participan en este local gastronómico, les deseo toda la suerte porque se siente… que aman su trabajo.  Gracias

Pablo Palomares

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ESTUDIO FOTOGRÁFICO EN CAMAS SEVILLA

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